"Mirar las cosas de cara, ser capaces de sorprendernos, tener curiosidad y un poco de coraje; saber preguntar y saber escuchar; evitar los dogmas y las respuestas automáticas; no buscar necesariamente respuestas y aún menos fórmulas magistrales" (Emili Manzano)

jueves, 6 de julio de 2017

EL PRIMER DIA DE TRABAJO


Responde con un vigoroso apretón de manos al jefe de personal cuando este le comunica que ya es un empleado más de la compañía. Entra en su nueva oficina y, nada más sentarse, alguien le tiende un expediente. Algo inseguro, lo abre sin detenerse a leer el título y empieza a rellenar casillas en blanco,  a sembrarlo aquí y allá de anotaciones: no quiere que nadie cuestione su aplicación al trabajo. De vez en cuando pregunta una duda a un compañero, saca un refresco de la máquina o atiende alguna llamada. Su ímpetu inicial, sin embargo, empieza a disminuir, y cada vez se siente más cansado. El expediente parece no tener fin: siempre hay una nueva página después de la última, esperando a ser rellenada. Repara en sus propias manos: han comenzado a salirle unas manchas de color café. En cuanto a su cabello -lo puede ver reflejado en la base del flexo que descansa siempre sobre la mesa-, se ha vuelto blanco. Cuando el nuevo jefe de personal le comunica que su contrato ha vencido, que ya está jubilado, intenta darle las gracias, pero un fuerte ataque de tos se lo impide. Apenas logra incorporarse de su silla. Antes de abandonar para siempre la oficina, cierra el expediente y lee por fin las dos palabras que lo encabezan:

《Mi vida 》


El expediente  (2011), de Manuel Moyano 



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